Con una hermanastra que está constantemente cachonda y ama el fútbol, estoy listo para la vida.
El juego finalmente va a comenzar, así que bajo corriendo las escaleras, solo para ver a mi hermanastra ya mirándolo. Ella jura que es fanática del fútbol, pero nunca la he visto interesada en ninguna actividad que no sea femenina, y mucho menos en los deportes. Con la camiseta que lleva, no puedo dejar de mirarla, y al ser transparente, miro sus dulces tetas por dentro. Queriendo verla sin él, apuesto a que si su equipo pierde, me lo tiene que dar. Sorprendentemente ella acepta, así que nos sentamos a ver el resultado. Gracias a mis conocimientos de fútbol, sabía que ella perdería la apuesta, así que le exigí la camiseta en ese mismo momento. Mi hermana empieza a discutir conmigo, así que le doy una alternativa que es chupármela. Pensando que no habría manera de que ella dijera que sí, la escucho aceptar y quedo en shock. No lo creo hasta que lo veo, pero ella no se acerca ni hace nada sexual, así que le hago entregar la camiseta. Quitándoselo a regañadientes, revela sus pezones turgentes y su piel brillante que tengo tantas ganas de tocar. Al verme babear por ella, vuelve a la oferta anterior y me dice que le devuelva la blusa y que me la mamará. Esta vez mi hermanastra se arrodilla y, mientras saco mi virilidad, ella la agarra y comienza a soplar. Es pequeñita pero hace garganta profunda con todas sus fuerzas. Me corro en su boca lo más rápido que puedo ya que nuestros padres llegarán pronto a casa. Pasan unos días y mi hermanastra irrumpe en mi habitación, deseando más. Al desnudarlo todo, tengo una vista completa de su coño recortado que quiero follar desesperadamente. Seguimos tocándonos y en lugar de mirar el partido, le digo que nos quedaremos aquí y nos divertiremos, a lo que ella sonríe. Empujándome hacia abajo, mi hermanastra desnuda lo saca de mis pantalones y lo escupe antes de tragárselo entero. Con suficiente lubricante de su saliva, la inclino y meto mi polla dentro de su pequeño y apretado coño, y me siento como si estuviera en el cielo. La follo por detrás pero quiero mirar su pequeño cuerpo, así que corremos a la cama en modo misionero. Golpeamos hasta que suena el teléfono y nos interrumpen. Después de varios días de pensar en ella, la enfrenté en la cocina, donde estaba esperando que yo diera el primer paso. Empiezo a desvestirme y ella continúa tirándose al suelo y dejándome follarla en la cara. Ella levanta su pierna sobre la encimera de la cocina y empujo mi polla palpitante profundamente dentro de su coño ya empapado. Para que no me atrapen, la llevo a mi habitación, donde le froto el clítoris mientras le golpeo el chocho mientras ella levanta las piernas. Al ver a mi joven hermanastra desnuda gimiendo y apretando mi eje, no puedo contenerlo, así que lo saco y rocio mi carga sobre sus tetas y su vientre.